UN VIAJE DE IDA Y VUELTA: LAS MÚSICAS PARA LA “COMEDIA AQUILANA"

Las referencias musicales en la “Comedia Aquilana”, pese a ser una obra de mucho éxito, reeditada en su momento, y seguramente representada en más de una sede, son sorprendentemente nulas.

Salterello¿Quiere esto decir que tan famosa comedia careció de música en sus representaciones? Esto sería muy extraño, si pensamos en los varios entornos festivos en que debió representarse  - en Italia, y tal vez incluso en Sevilla - , en los que la música cumplía un importante papel: entradas, recibimientos, bodas, cortejos, lo que incluye las danzas, y también las canciones alusivas al momento.

¿Qué diferencia entonces a este autor de sus coetáneos luso-españoles, cuya obra teatral está plagada de referencias musicales? Enzina, Vicente, Lucas Fernández, asumen el papel de “factotum” de las representaciones. Esto incluye la música del auto o las églogas, tal vez incluso el festejo en el que se insertan, tomando su inspiración del acervo musical luso-castellano, conocido de todos en su momento, y con el que el espectador (cortesano en Enzina y Vicente, catedralicio-universitario en Lucas Fernández) podía identificarse fácilmente.

En el caso de Torres Naharro, podemos suponer que la música para sus comedias, (algunas de ellas finalizan con una “Canción” de la que no tenemos noticias musicales), fue suministrada por otra persona, un músico del entorno, o de la capilla de música del lugar y situación en que fue representada.

 

Poner música a la “Comedia Aquilana”, pese a esta carencia inicial, ha sido sin embargo relativamente sencillo, partiendo de la idea inicial de la dramaturgia de hacer de esta obra una muestra del mestizaje hispano-italiano en el Renacimiento. En lo musical, este viaje de ida y vuelta es especialmente intenso y productivo. De la Italia admirada por nuestros músicos llegaron danzas (esas “Pavanas que se bailan en Italia” recogidas por nuestro primer vihuelista, Luys Milán) y también canciones, las populares villanelle y frottole recogidas en nuestros cancioneros, o los más refinados madrigales publicados también en España.

De ida, había llegado a Nápoles en el s.XV la capilla de Alfonso V de Aragón, humanista y protector de las artes, y ya en el XVI, la música del toledano Diego Ortiz, maestro de capilla del virrey, que no podía faltar a esta cita. Ineludible parece también la muy famosa melodía “La Spagna”, Danza Alta en nuestro Cancionero de Palacio, y Bassa Danza en Italia, glosada y recogida por algunos de los autores italianos que publicaron en su momento: Guglielmo Ebreo, Vincenzo Capirola o Francesco Da Milano. Joan Ambrosio Dalza, cuyo apellido está más documentado en Aragón que en Italia, publicó en 1508 una hermosa colección de danzas que recoge, junto a las suites Pavana/Saltarello/Piva, o las Calatte a la spagnola, un “Caldibi castellano”, derivación de la popular melodía mudéjar “Calbi arabi”, que servirá para los muy estrambóticos médicos de nuestra comedia.


Algunas músicas, como el romance del buen rey Don Bermudo, han debido ser reconstruidas siguiendo los modelos de la época. Y todas, canciones españolas, villanelle alla napolitana, lamentos, madrigales, danzas y romances, sirven a nuestro propósito: hacer de la “Comedia Aquilana” un espectáculo vivo, una muestra de la alegría de vivir y de amar, de la capacidad de reírse con y de todo, que caracteriza la incipiente Commedia dell'Arte en Italia y el aún más incipiente teatro profano en España.

Alicia Lázaro